Estrategias pedagógicas para abordar la sexualidad al interior de un recinto penal

Pedagogical strategies to address sexuality inside a penitentiary

Karla Opazo Pérez
Liceo de Adultos Herbert Vargas Wallis, Santiago de Chile
karlaopazo@gmail.com

Bióloga Ambiental
Profesora de Educación Media en Biología de la Universidad de Chile.
Socia colaboradora de la Red Chilena de Pedagogía En Contextos de Encierro.
Actualmente trabaja como profesora en el Liceo de Adultos Herbert Vargas Wallis y en el Liceo de Adultos Herbert Vargas Wallis de Santiago de Chile.

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Resumen

La educación sexual al interior de los establecimientos educacionales se ha caracterizado por fragmentar la sexualidad humana, despojándola de su multidimensionalidad. Como parte del programa de educación sexual del Liceo Penal Herbert Vargas Wallis, se diseñaron planes que abordaran las distintas dimensiones de la sexualidad de los estudiantes del Liceo. Con este fin, se elaboró una encuesta de salud y hábitos sexuales, la cual fue aplicada en abril de 2018 a 192 estudiantes. Entre sus resultados más relevantes, cabe señalar que los estudiantes presentan conocimientos errados y conductas altamente riesgosas que eventualmente podrían deteriorar su salud y bienestar. Teniendo en cuenta estos resultados, se implementó un programa de educación sexual integral que consideró el contexto penitenciario y los procesos vitales del alumnado. Ello implicó abordar la sexualidad desde el trabajo mancomunado con diversas disciplinas y a través de actividades artísticas que permitieron ampliar los referentes culturales de los estudiantes.

Palabras clave

 contexto penitenciario, transversalidad, sexualidad integral, conductas de riesgo

Abstract

Sexual education in educational settings has been characterized by fragmenting human sexuality and not taken into account its multidimensionality. As part of the sexual education programme by Herbert Vargas Wallis Penal High School, plans and actions were designed for addressing the different dimensions of students’ sexuality. To this end, a survey about health and sexual habits was developed, which was applied in April 2018 to 192 students. Among its most relevant results, it should be noted that students manifested erroneous knowledge about sexuality and highly risky behaviours that expose them to situations that threaten to deteriorate their health and well-being. Taking these results into account, a comprehensive sexuality education programme was designed and implemented, which considered the prison context and the vital processes of  the students. This involved addressing sexuality from joint work with various disciplines and through artistic activities that allowed broadening the cultural references of students.

 

Keywords

prison context, transversality, comprehensive sexuality, risk behaviour

Recepción

23 de noviembre de 2018.

Aceptación

5 de abril de 2019.

1. Introducción

El Liceo de Adultos Herbert Vargas Wallis (HVW) se encuentra ubicado al interior de las dependencias del Centro de Detención Preventiva Santiago Sur (Santiago de Chile). Desde la década del 70, dicho liceo ofrece a los internos la posibilidad de continuar y completar sus estudios a través de una educación formal que incluye planes y programas, de igual calidad que la entregada en el medio libre, pero supeditada al contexto penitenciario -privación de libertad- y ajustada a las características que presenta el estudiantado.

Actualmente, el liceo cuenta con una matrícula de aproximadamente 834 alumnos, los cuales provienen de distintos sectores de la cárcel, situación que amerita el desplazamiento de la planta docente hacia sus dependencias.

Ante tal nivel de diversidad, el liceo tiene la misión de aplicar estrategias pedagógicas para apoyar la integración de los alumnos en la sociedad, fortaleciendo sus capacidades cognitivas y potenciando sus habilidades psicosociales con la finalidad de que puedan desenvolverse en la vida cotidiana y sean capaces de tomar decisiones en pos de la construcción de un proyecto de vida.

Este artículo tiene como objetivo presentar el diseño y la implementación del Programa de Educación Sexual del Liceo HVW. Para ello, se procederá a describir los principales resultados que arrojó la encuesta de caracterización sexual aplicada a los estudiantes, los cuales fueron posteriormente utilizados para diseñar y construir el Plan de

Sexualidad. A continuación, se describirán las diversas estrategias pedagógicas que fueron utilizadas para implementar dicho Plan al interior del Liceo.

1.1 Sobre la necesidad de implementar un Programa de Educación Sexual Integral

De acuerdo con la Ley 20.418 que fija las Normas sobre Información, Orientación y Prestaciones en materia de regulación de la fertilidad en Chile, surge la necesidad de diseñar e implementar un proyecto educativo sexual que contemple el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros alumnos. Para ello, es necesario elaborar un plan de lineamiento transversal que involucre a todas las disciplinas y niveles educativos, lo cual implica que la comunidad educativa en pleno se comprometa a construir acciones que traten la temática de sexualidad, con el propósito de mejorar la salud mental y física de los estudiantes y que este mejoramiento irradie más allá de la sala de clases, que los alumnos del Liceo HVW se transformen en agentes de cambio (tanto dentro como fuera de la cárcel) y que una vez cumplida su condena puedan disfrutar de una vida sexual sana junto a su pareja en el exterior, en la que abunde el autocuidado, el cuidado de la pareja y el respeto por la diversidad. Es decir, que la huella del encierro sea lo menos profunda posible en sus vidas.

En ese sentido, un programa de educación sexual integral situado se torna necesario e imprescindible, ya que constituye una propuesta pedagógica válida que se escapa de aquellos modelos clásicos, como el biologista o biomédico, que suelen abordar las cuestiones de la sexualidad estudiando sólo la anatomía de la reproducción y la amenaza de las infecciones. Situación que desconoce la multi-dimensionalidad inherente a la sexualidad e instala prácticas pedagógicas que están desprovistas de emocionalidad, vínculos interpersonales y placenteros que le dan sentido al cuerpo biológico (Alonso & Morgade, 2008).

A raíz de ello, la educación en sexualidad debe implementar técnicas pedagógicas que respondan a las necesidades y demandas de estudiantes que forman parte de una sociedad diversa y en constante trasformación. Para ello, se deben formular dos preguntas que resultan ser claves para diseñar una propuesta pedagógica situada: ¿Quiénes son mis estudiantes (niños, jóvenes o adultos)? y ¿Para qué se les enseñará educación sexual?

Si bien las preguntas ¿Qué y cómo enseñar? son importantes, primero se debe conocer las necesidades e intereses del estudiantado, ya que a partir de allí se vislumbra cuáles serán las estrategias y la metodología más pertinente a la hora de diseñar e implementar las unidades didácticas.

Bajo esa lógica, Britzman, citada en Greco (2009) señala lo siguiente:

El modelo de educación sexual que tengo en mente está más próximo a la experiencia de la lectura de libros de ficción y poesía, de ver películas y del involucrarse en discusiones interesantes, pues cuando nos involucramos en actividades que desafían nuestra imaginación que propician cuestiones para reflexionar […], siempre tenemos algo más para hacer, algo más para pensar” (Britzman, citada en Greco, 2009:71).

Lo anterior cobra sentido cuando se trabaja con estudiantes privados de libertad. ¿Por qué? Porque el sub-sistema carcelario modifica su ‘habitus’ (Bourdieu, 1988) y reconfigura sus formas de sociabilización. Dicha situación provoca que muchos ámbitos de su vida sexual y afectiva se vean modificados por los diversos dispositivos intrapenitenciarios. Por lo que previo a diseñar una propuesta didáctica se debe reflexionar sobre a quiénes estará dirigida y qué beneficio pueden obtener de ella.

Asimismo, las particularidades que presenta el estudiantado ponen de manifiesto que no es provechoso impartir una educación sexual netamente biologicista que se enfoca en métodos tradicionales, sino que se deben emplear diversas técnicas y herramientas que se ajusten a las características del estudiantado, más aún si están privados de libertad.

2. Marco conceptual

Con el objetivo de fundamentar teóricamente el proyecto de sexualidad, se revisaron estudios que aportaron antecedentes al tema de la sexualidad al interior de las cárceles, en particular, la sexualidad masculina. Por cierto, los estudios revisados dan cuenta tanto del comportamiento sexual masculino como femenino. Sin embargo, dado que el proyecto está enfocado en los estudiantes del Liceo Herbert Vargas Wallis, esta sección se centrará exclusivamente en la sexualidad de los hombres.

Lo primero a destacar es que en Chile, los primeros antecedentes acerca del comportamiento sexual intrapenitenciario datan de 1994 y 1997, con los estudios de la socióloga Doris Cooper. Ello resulta interesante pues previo a esos años y de acuerdo con lo expresado por la académica, la conducta sexual al interior de las cárceles era definida como un tema muy marginal e inexplorado. Es más, la escasez de análisis e investigadores interesados en la materia provocó que surgieran mitos y desconocimiento en torno a las conductas afectivo-sexuales que experimenta la población penitenciaria de nuestro país (Cooper, 2002).

Por tal motivo, es importante destacar la importancia y necesidad de sistematizar lo relativo al ámbito sexual-afectivo de las cárceles y con ello, relevarlo como una temática no marginal sino por el contrario, como un asunto susceptible de ser investigado y que al mismo tiempo permita mejorar las actuales condiciones que reconfiguran la vida sexual de los internos.

2.1 Acerca de la homosexualidad al interior de las cárceles chilenas

Según lo señalado en el trabajo de la socióloga Doris Cooper (2002) al interior de las cárceles chilenas es posible dar cuenta de una homosexualidad situacional. En las distintas entrevistas que la académica realizó a la población penal, identificó que los internos distinguen entre los homosexuales de nacimiento o “Maricones Netos”, de aquellos denominados “caballos”. Además, por cierto, de los heterosexuales:

“Estas declaraciones y explicaciones, coinciden con la percepción social de los internos e internas en las Unidades Penales, que diferencian a los ‘Maricones Netos’ de los ‘Caballos’ y a éstos de los heterosexuales. Si bien esta clasificación no es evidentemente exhaustiva, resulta de interés nuevamente” (Cooper, 2002: 473).

De acuerdo con lo expuesto por la académica, existe al interior de las cárceles una homosexualidad situacional que responde al contexto carcelario en donde las relaciones heterosexuales se ven mermadas por las limitaciones que impone el contexto de encierro.

Desde nuestra perspectiva entonces y a partir del comportamiento humano derivado del instinto sexual, planteamos que la homosexualidad en las cárceles obedece a dos principios distintos, específicamente a (1) una homosexualidad endógena ‘natural’ como manifestación de la diferenciación sexual, en la expresión de la naturaleza sexual, en términos de un ‘continuo’, y (2) a una Homosexualidad Situacional, y que ambas se potencian en su expresión conductual en un ambiente carcelario donde el contacto heterosexual es prohibido. En términos deductivos entonces, sostenemos que las manifestaciones homosexuales se potencian o disminuyen en su expresión abierta, en relación a los grados de permisividad sub-cultural y/o contracultural, y que por otra parte, la imposibilidad de acceder a conductas sexuales heterosexuales, necesariamente elevarán las tasas de comportamiento homosexual situacional” (Cooper, 2002: 476).

Lo anterior constituye una situación bastante dramática en términos de los eventuales abusos y violaciones sexuales a las cuales son sometidos algunos homosexuales (o “caballos” como se les denomina al interior de la cárcel). De acuerdo con lo expuesto en las entrevistas, los “caballos” son sujetos doblemente marginados, pues se les “corta” la carrera delictiva quedando, en cierta forma, “marcados”.

Ahora bien, dada la prevalencia del VIH y otras infecciones de transmisión sexual (I.T.S), gendarmería implementó en algunas cárceles del país visitas conyugales en las cuales los internos pueden mantener relaciones sexuales con sus parejas heterosexuales. En ese sentido, existe un reconocimiento explícito a que una solución frente a la problemática de los abusos y violaciones sexuales al interior de los centros penales, es el establecimiento de instancias en las cuales los internos puedan mantener relaciones sexuales con sus parejas en horario de visitas.

En este sentido, los Caballos se constituyen en víctimas de las prácticas sexuales de los internos, que no teniendo acceso a la satisfacción del instinto sexual heterosexual, satisfacen sus necesidades con actores sociales del mismo sexo, ‘fabricados’ para cumplir con este rol. Los cassettes que tenemos grabados en el contexto de las entrevistas con ‘Caballitos’, son de tal dramatismo humano, que simplemente nos obligan éticamente como investigador, a indicar la urgente necesidad de implementar una Política de Venusterios generalizada para todas las Unidades (Cooper, 2002: 476).

Sobre ello, un punto de vista a considerar es el entregado por Fedelich (2007). La académica estudió durante cuatro años la sexualidad al interior de una cárcel en Argentina.

Allí, una de sus conclusiones más importantes se relaciona con la importancia de los espacios de sexualidad para los internos, precisamente para evitar conductas de abusos al interior de los penales. Además, destacó el carácter de derecho social de la sexualidad de los internos, lo cual está consagrado por las Naciones Unidas. En ese sentido, el estudio antes citado señala que independiente de las condiciones en las cuales los internos vivan su sexualidad, no hay que dejar de lado la importancia de un programa de educación sexual que les permita vivir su sexualidad de la mejor manera posible, derribando mitos asociados y cuidando su propia salud:

La educación sexual les fue de sumo interés a los internos, les aclaró dudas, les brindó información que no tenían y sobre todo los tranquilizó y permitió encarar su sexualidad de forma más segura y placentera. Estos cuatro años de experiencias compartidas con los internos nos mostraron que si se brinda un espacio de educación sexual en un clima cálido, tranquilo y afectuoso, los internos son capaces de abrirse al conocimiento ampliamente, interesarse por su propia salud, la de su pareja y sus hijos, de intentar vivir una sexualidad placentera y responsable aun dentro de la cárcel. (Fedelich, 2007: 14).

Cabe mencionar que una solución efectiva para disminuir los índices de abusos y vejámenes sexuales al interior de las cárceles es el establecimiento de los llamados Venusterios (derecho a tener relaciones sexuales con la pareja visitante en dependencias especialmente habilitadas para ello) o en su defecto, las visitas íntimas en donde los internos puedan mantener relaciones sexuales con sus parejas. Sin embargo, los Venusterios no han sido implementados en todas las cárceles del país.

En el caso del Centro de Detención Preventiva Santiago Sur -donde está ubicado el Liceo de Adultos Herbert Vargas Wallis- las visitas íntimas están permitidas, pues hace algunos años Gendarmería de Chile autorizó la instalación de “Camaros” en el gimnasio donde se reciben las visitas generales.

Los “Camaros” son carpas improvisadas que constan de dos colchones (uno que sirve para que la pareja se recueste y otro que forma un techo) y un par de frazadas que brindan un mínimo de privacidad a la pareja en el acto sexual.

Durante el horario de visitas, el resto de los familiares y amigos deben permanecer y transitar por las mismas dependencias en donde están instaladas dichas carpas.

Ello, resulta particularmente complejo cuando hay niños y ancianos que transitan por las dependencias del gimnasio o cuando hay otros internos que esperan impacientes que su compañero acabe pronto y llegue su turno para acceder al colchón.

Naturalmente, cuando no existen espacios o instalaciones idóneas para tener contactos sexuales y afectivos, las parejas acaban por distanciarse o separarse. Para el interno, la privación de intimidad puede derivar en la pérdida de relación con su entorno familiar, lo que provoca sentimientos de degradación y frustración de la masculinidad. Lo cual en ocasiones se traduce en “soluciones” intramuros que implican la sodomización voluntaria o forzada de algunos reos (Cooper, 2002).

Por estas razones y dado que la sexualidad es una condición inherente al ser humano, el departamento de sexualidad del Liceo Herbert Vargas Wallis diseñó e implementó un programa de educación sexual que busca disminuir potenciales conductas de riesgo y enriquecer el proceso de toma de decisiones de nuestros estudiantes.

3. Metodología

Para diseñar un programa de educación sexual integral, cuyos planes y acciones respondan a las necesidades de los estudiantes y se ajuste al contexto penitenciario, es necesario utilizar diversas estrategias metodológicas -como entrevistas semiestructuradas y diagnósticos participativos- que ayuden a identificar aquellas interacciones psicosociales de la cárcel que afectan la vida sexual y afectiva de los internos.

La idea es recabar información para la construcción de un instrumento de diagnóstico propio que permita dar luces a la temática sexual-afectiva de las cárceles y con ello mejorar la educación sexual que actualmente imparte nuestro Liceo.

En este caso, el Programa de Sexualidad del Liceo confeccionó una encuesta sobre Salud y Hábitos Sexuales. El diseño de esta encuesta tuvo por objeto levantar información acerca de las prácticas sexuales y de autocuidado que presentan los estudiantes. Información que es de gran utilidad al momento de elaborar planes y programas que respondan a las necesidades detectadas y al contexto penitenciario.

La encuesta consideró un total de 46 preguntas que fueron subdivididas en siete categorías: Características sociodemográficas, Estilos de vida, Acceso e información sexual, Experiencia y Salud sexual, Reconfiguración de la sexualidad, Autocuidado y Actitudes (Véase anexo).

Dentro de esta distribución, se contemplaron 17 preguntas dicotómicas cuyas respuestas varían entre “Sí” y “No” y 26 preguntas politómicas de opción múltiple.

Bajo esa lógica, se procedió a encuestar a un total de 192 estudiantes, cifra que representa aproximadamente el 23% del total de alumnos que están matriculados en nuestro liceo desde 3 nivel básico hasta II nivel medio.

Además de la encuesta, a los estudiantes se les entregó una carta de consentimiento informado en donde se les explicó el propósito de ésta y se recalcó el hecho de que su participación en el proceso no implicaba ningún tipo de riesgo, dado que la encuesta era anónima y de carácter estrictamente confidencial.

4. Resultados

4.1 Resultados de la encuesta

Con respecto a los resultados obtenidos a partir de la encuesta, cabe destacar que los estudiantes no sólo manifiestan conocimientos erróneos en torno a la sexualidad, sino que además presentan conductas altamente riesgosas que los exponen a situaciones que amenazan con deteriorar su salud. Entre las creencias y prácticas más preocupantes, destaca el hecho que los estudiantes no usan preservativo masculino y además tienen una pésima percepción de éste a la hora de intimar con sus parejas (véase anexo). Por ejemplo, cuando se les consulta acerca de qué tan seguido usan condones, el 81% de nuestros estudiantes señala no usar nunca condones, situación que representa un riesgo altísimo dado los altos índices nacionales de VIH y VPH. Tan sólo un 1% de los estudiantes declaró usar condón siempre.

Con respecto a las actitudes relativas al uso del condón, los resultados son alarmantes. Solo un 16% de nuestros estudiantes declara que los condones son seguros y brindan tranquilidad. El otro 84% tiene una percepción negativa y se inclinan por opciones que van desde relegar la anticoncepción a la mujer a que el preservativo rompe el deseo. A ello se suma que el 45% de los encuestados indicó haber tenido más de 10 parejas sexuales en su vida y un 50% declaró haber pagado por sexo.

En la misma línea, al observar las respuestas de nuestros estudiantes acerca de las medidas para prevenir las infecciones de transmisión sexual (I.T.S), el 57% de ellos indicó que lo más efectivo era tener pareja única. Solo un 17% señaló que el condón es el método más efectivo, respuesta que está en concordancia con las respuestas previamente descritas.

Los estudiantes señalan también otros métodos: el 5% indica que es efectivo lavarse después de cada relación sexual; el 18% cree que lo más efectivo para evitar las ITS es elegir correctamente a las parejas y preguntar por su pasado sexual; y el 14% señala que lo más efectivo es realizarse exámenes de sangre más a menudo.

Las respuestas relativas a la idoneidad de las parejas sexuales denotan un conocimiento precario en lo que respecta a la vida sexual/afectiva que por cierto debe ser abordado en los diversos planes y acciones de educación sexual.

Además, cuando relacionamos las variables examen de sangre para la detección de ITS con frecuencia de uso del condón vemos que 72 de 191 estudiantes, es decir, alrededor de un 38% nunca se ha realizado un examen de sangre ni tampoco usa condones. Situación que en términos sanitarios los posiciona como un grupo vulnerable y altamente susceptible a desarrollar o adquirir agentes patógenos causantes de ITS u otras enfermedades. Ello se debe a que dentro de los factores de riesgo más importantes para la salud sexual está el hecho de no usar preservativos y no chequear la salud en forma regular con especialistas de la salud.

De este modo cuando combinamos dichos factores de riesgo, estamos bajo la presencia de un grupo estudiantil en extremo sensible que necesita de manera urgente educación sexual y una atención médica a su alcance. Más aún, los resultados son dramáticos cuando vemos que ninguno de nuestros alumnos realiza prácticas de autocuidado como usar condón y realizarse exámenes de sangre regularmente. Sólo un 1% del total de estudiantes usa siempre condón, pero sólo la mitad de esa cifra se efectuó un examen de sangre hace más de un año.

Adicionalmente, al observar la prevalencia de infecciones de transmisión sexual en nuestros estudiantes, un 70,8% de ellos refiere no tener ninguna I.T.S, mientras que un 29,2% señaló haber padecido alguna infección, de los cuales un 15,6% desconoce cuál fue su diagnóstico.

Tal nivel de desconocimiento en los alumnos debe estar vinculado con falencias educativas en su juventud y a que actualmente no cuentan con un buen servicio médico que les brinde información sobre salud sexual y reproductiva (véase anexo).

Cabe señalar también la reticencia de nuestros estudiantes al uso de condón, por lo tanto, es altamente probable que hayan padecido –o que padezcan en la actualidad- alguna infección de transmisión sexual sin tener conocimiento de ello.

Por otro lado, un tema especialmente delicado es el que concierne a las relaciones sexuales no consentidas al interior del recinto penitenciario. Sobre ello, el 100% de los encuestados señala no haber sufrido ningún tipo de relación forzada. Sin embargo, el 45% de ellos señala conocer a internos que han sufrido algún tipo de vejamen sexual. En ese sentido, es un asunto de suma urgencia incorporar este tema en el plan de educación sexual. Esta es una situación gravísima que lamentablemente está presente en la vida cotidiana de las cárceles chilenas, cuestión que ha sido reportada en la literatura existente (Cooper, 2002) y de la cual nuestros estudiantes también dan cuenta.

4.2 Acerca de la implementación del Programa de Educación Sexual

El análisis de las encuestas evidenció que los estudiantes representan un grupo vulnerable y altamente susceptible de padecer alguna infección de transmisión sexual o embarazos no deseados. Sus conocimientos y conductas dan cuenta de una educación sexual fallida que en su momento no supo orientarlos ni entregarles las herramientas para vivir una sexualidad sana, plena y responsable.

Por ende, el departamento de Sexualidad del Liceo en conjunto con todas las disciplinas, elaboraron una serie de acciones tendientes a disminuir las conductas de riesgo presentes en el estudiantado y a favorecer sus relaciones interpersonales. Sabemos que el contexto carcelario en el que se desenvuelven los alumnos es difícil y complejo, debido a las precarias condiciones de habitabilidad y el hacinamiento que experimentan día tras día. Lo anterior propicia la generación de ambientes tensos y relaciones que se ven constantemente teñidas por el sometimiento y la dominación que impera en el encierro de carácter punitivo.

A pesar de lo dramático que puede resultar el contexto y la nula injerencia que tenemos como docentes para cambiar algunas lógicas del contexto carcelario, creemos que es de suma importancia brindarles a los estudiantes las oportunidades y los espacios para que puedan ampliar sus referentes culturales y así mejorar o aminorar, dentro de lo posible, las huellas que deja en ellos el encierro.

Las acciones ejecutadas estuvieron supeditadas a una educación sexual integral que considera las múltiples dimensiones que estructuran el concepto de sexualidad y cuya intención es que los estudiantes logren una salud sexual plena, entendiéndose por salud sexual y reproductiva como:

“El estado general de bienestar físico, mental y social y no de mera ausencia de enfermedad y dolencia, en todos los aspectos vinculados con sistema reproductivo y sus funciones o procesos (Unesco, 2011:9).

Bajo esa lógica, todos los planes se enfocaron en superar el concepto de salud sexual basado en aspectos biologicistas/biomédicos que basan su comprensión en la anatomía reproductiva y en la amenaza de las infecciones.

Es importante superar un concepto tradicional de salud basado casi exclusivamente en aspectos puramente sanitarios, donde se realzan los aspectos somáticos y se ignoran, o se consideran de una manera muy secundaria, otros aspectos que influyen, y de una manera poderosa, en la calidad de vida de la persona y, por lo tanto, en su salud.

Así pues, es preciso incorporar los aspectos socioeconómicos de la historia de vida de la persona, el lugar en el que nace y se socializa, que posibilita o dificulta su formación y su maduración y, por consiguiente, su proyecto”. (MEN, 2011:15)

Y en su lugar, se implementó una educación sexual integral que no sólo consideró todas las dimensiones del ser humano (biológica, ética, sociocultural, psicológica) sino que también respetó la individualidad y el presente histórico de los estudiantes.

Para ello, fue necesario situarnos en el contexto y comprender que los estudiantes son personas cuyas biografías o historias de vida se han basado en lo que Valverde Molina (1996) señala como “Primariedad”, esto es, una vida basada en el “aquí y ahora”, que no utiliza la experiencia del pasado como punto de anclaje o aprendizaje y tampoco contempla proyectarse en el mediano y largo plazo.

Una vez hecha la tarea de comprender el contexto en el que viven los estudiantes y como éste moldea sus vidas, fuimos capaces de detectar las necesidades e inquietudes que éstos presentaban en el ámbito de la sexualidad.

Ahora bien, las acciones fueron abordadas desde el trabajo mancomunado con varias asignaturas y a través de actividades culturales/artísticas que sirvieron para despertar en los estudiantes el interés por aprender y ampliar sus referentes culturales.

En un proceso normalizado, la educación precede a la cultura; es decir, mediante el proceso educativo la persona va accediendo a la cultura (…). Sin embargo, cuando ese proceso educativo no se ha producido, o ha sido deficitario, y a menudo incluso anormalizado por un desencuentro entre la persona y la escuela, retomar una educación ya previamente fracasada es difícil y, en mi opinión, el punto de partida no debe ser la educación, sino la cultura y el arte; es decir, motivar al individuo, abrirlo a la necesidad de apertura, de conocimiento.

En consecuencia, cultura y educación no son cuestionables, no cabe intervención sin ponerlas en un primer lugar, sin considerarlas el principal objetivo. La cultura es lo que de verdad libera al hombre, y su libertad .interior y exterior. ha de ser nuestra prioridad.” (Valverde Molina, 2002:19)

Por ende, los planes de acción que se desarrollaron en el programa de sexualidad no sólo estuvieron enfocados por asignatura o subsector de aprendizaje, sino que también hubo planes que fueron trabajados de manera interdisciplinaria para provocar un mayor impacto en la comunidad estudiantil y carcelaria. ¿Por qué?

Porque si seguimos enfocándonos y trabajando por disciplina, caemos en una mirada reduccionista que aborda la sexualidad desde un solo punto de vista, como el biologicista, que por sí solo es necesario, pero no suficiente para tratar la sexualidad en toda su complejidad.

Es por esta razón, que todos los actores de la comunidad educativa del Liceo HVW participaron activamente de una Jornada de Sexualidad que estuvo teñida de actividades culturales y artísticas, cuyos contenidos abordaron múltiples temáticas, entre las que destacó la enseñanza y promoción del uso del condón como el método más efectivo para la prevención de las I.T.S y los embarazos no deseados.

Para el diseño y ejecución de dicha jornada, fue necesario desarrollar un trabajo interdisciplinario en el que todas las disciplinas y actores de la comunidad educativa se hicieran presentes y aportaran con su trabajo desde la integración de diferentes enfoques, saberes e instrumentos, para así abordar las diversas dimensiones de la sexualidad. Gracias a la interconexión mencionada, fue posible abordar la educación sexual desde todas las perspectivas y de un modo integral, en donde fue factible estimular nuevas perspectivas metodológicas para abordar temáticas tan importantes como son la afectividad, la diversidad sexual, la prevención y el autocuidado.

El propósito es que los estudiantes no aprendan de forma fragmentada lo que se produce de manera orgánica e integrada en la cotidianidad de sus vidas. De esta forma, la Jornada de Sexualidad tuvo un enfoque colaborativo-participativo, en el que el proceso de enseñanza-aprendizaje estuvo centrado en los intereses y necesidades de los estudiantes. Bajo esa lógica, los estudiantes participaron activamente de todas las actividades que se desarrollaron en la jornada, la cual incluyó danza, teatro, música y poesía (Véase Imagen 1). Por cierto, cada una de estas actividades abordó las múltiples dimensiones de la sexualidad y destacaron el componte afectivo y emocional que está presente en dicho ámbito.

Por ejemplo, en la temática que versaba sobre diversidad sexual, un grupo de estudiantes declamó poemas y cartas de su propia autoría, con el propósito de que comprendan y acepten las diversas orientaciones afectivo-sexuales que existen en la sociedad, en un ambiente de respeto y sin sesgos discriminatorios.

Con respecto al tema de autocuidado, los estudiantes elaboraron una serie de afiches alusivos a la prevención de ITS, los cuales formaron parte la escenografía.

Además, construyeron trípticos informáticos sobre VIH/SIDA e ITS más comunes en Chile, los cuales fueron digitalizados y multicopiados para ser repartidos a todos los estudiantes durante la jornada, junto con la entrega de más de 280 condones masculinos. Fue así como las diversas acciones se enfocaron en incentivar el uso de condón y en la importancia de tener relaciones sexuales protegidas, como método de cuidado para evitar el contagio de enfermedades y los embarazos no deseados.

En definitiva, la Jornada de Sexualidad fue una experiencia emotiva y exitosa que de alguna manera intentó compensar los vacíos que dejó una educación sexual deficiente que no logró su cometido cuando los estudiantes aún eran niños o adolescentes. Pero nunca es tarde para trabajar en pos de una educación sexual integral que no sólo identifique las necesidades que presentan los estudiantes en el ámbito de la sexualidad, sino también que desarrolle estrategias pedagógicas que respondan a dicho diagnóstico y contribuyan a un proceso educativo integral. Por lo tanto, es importante que los planes de acción consideren las múltiples dimensiones que engloba el concepto de ‘Sexualidad’ y que éstos sean elaborados desde un enfoque sistémico que incorpore competencias y habilidades sociales para la vida.

Imagen 1: Registro fotográfico de la 1° Jornada de Sexualidad en el Liceo Herbert Vargas Wallis.
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Imagen 1: Registro fotográfico de la 1° Jornada de Sexualidad en el Liceo Herbert Vargas Wallis.

5. Conclusiones

El propósito de nuestros planes de acción es que los estudiantes conozcan sus derechos sexuales-reproductivos y sean capaces de tomar decisiones de manera reflexiva y responsable. Para ello, se necesita un programa que sea capaz de promover en nuestros alumnos el pensamiento crítico y que contemple metodologías que no sólo se dediquen a entregar información, sino que sean capaces de generar ambientes reflexivos.

Si a los estudiantes no se les brinda las instancias apropiadas para reflexionar y asimilar la información, éstos nunca lograrán modificar sus ideas y valoraciones previas, provocando que su campo de percepciones permanezca inmutable en el tiempo.

En ese sentido, el programa de educación sexual integral se enfocó en ampliar la mirada de los alumnos sobre la sexualidad y a fortalecer la toma de decisiones en el ámbito sexual y afectivo. La idea era que los estudiantes gradualmente se tornaran más conscientes de sus prejuicios y lograran transformar sus discursos a medida que interactuaban con sus profesores y compañeros.

Por otro lado, la educación en contexto de encierro presenta ciertas particularidades, siendo una de ellas, y las más importante, el constante recambio estudiantil que se da en su interior. Por ello, resulta difícil evaluar el programa de sexualidad en todo su esplendor, ya que los docentes debemos lidiar con la fuga de estudiantes y la discontinuidad que se produce en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Para sortear aquello, se necesita tener clara la intención que sustenta la metodología y elaborar acciones cortas y sencillas que al mismo tiempo movilicen la mayor cantidad de conocimientos, habilidades y actitudes. Situación que representa todo un desafío, ya que desde siempre se ha concebido el aprendizaje como un proceso lineal, gradual y jerárquico.

Por de pronto, y como profesionales de la pedagogía, sólo nos queda mejorar el acceso que actualmente tienen nuestros estudiantes a la información y resguardar su derecho a recibir una educación sexual integral, con el objeto de que éstos logren construir junto a sus compañeros y familiares una vida plena, en donde abunde la salud sexual y reproductiva.

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  • Valverde Molina, J. (2002). El diálogo terapéutico en exclusión social. Aspectos educativos y clínicos. Madrid: Narcea.
  • Valverde Molina, J. (2010). La burbuja vacía. Una historia de soledades y reencuentros.

Anexos

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